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"Granturismo": una palabra que significa placer de viajar al volante de un automóvil potente, confortable, elegante, refinado, nunca excesivo. Como un Lancia. Un estilo que no ama llamar la atención, sino que privilegia la discreción. Una mecánica estudiada para ofrecer prestaciones dirigidas a la seguridad y al placer de la conducción. Ideas que no siguen las modas, sino que se anticipan a ella, proponiendo soluciones inéditas, a veces contra la corriente, capacees de definir los gustos del cosumidor y los tiemmpos de la evolución técnica.
Alrededor de cien años después, Lancia permanece aún fiel a esta misión. Con una atención más para las exigencias emergentes de máxima personalización del vehículo, que están transformando el cosumo de masa en consumo "personalizado de masa". En sintonía con las más acutales exigencias de los clientes, en cambio, es la amplia articulación de la gama, que de un mismo modelo (Lancia Lybra) propone configuraciones diferentes (berlina y station wagon).
Es la atención a las nuevas realidades como los nichos de mercado, donde Lancia propone el monovolumen Lancia Phedra y la funcional Musa. |
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